miércoles, 19 de noviembre de 2008

LA FILOSOFIA COMO CRITICA

Criticar lo establecido

Cuando en una conversación aparecen los conceptos* de física, química, medicina o historia, los participantes, en general, asocian con ellos [con los títulos] algo muy concreto. Si llega a surgir una diferencia de opiniones, pueden consultar un diccionario o alguno de los manuales corrientes, o bien recurrir a un especialista más o menos destacado en la materia en cuestión. La definición de cada una de esas ciencias se deduce* directamente de su posición en la sociedad actual. Aunque ellas podrían hacer en el futuro los más grandes progresos, (...) sin embargo, nadie se interesa realmente por definir esos conceptos de otro modo como no sea relacionándolos con las actividades científicas que en este momento se encuadran en tales denominaciones.

Con la filosofía no ocurre lo mismo. Supongamos que le preguntásemos a un profesor de filosofía qué es la filosofía. Si tenemos suerte y damos por casualidad con uno que no rechace por principio las definiciones*, nos dará una. Pero si aceptamos esa definición, pronto comprobaremos, presumiblemente, que no es, de ningún modo, la que se reconoce en general y en todas partes. Entonces podríamos dirigirnos a otras autoridades, o también a los manuales modernos y antiguos. Eso sólo aumentaría nuestra confusión.

[...] Los enemigos de la filosofía dicen, a su vez, que, en caso de tener ella un valor, ya no sería filosofía sino ciencia positiva. Todo lo restante de sus sistemas sería sólo palabrería; lo que esos sistemas sostienen sería interesante algunas veces, pero por lo general aburrido y en todos los casos inútil. Los filósofos por su parte, muestran una empecinada indiferencia frente al juicio del mundo exterior. Desde el proceso a Sócrates es evidente que mantienen una relación tensa con la realidad* tal cual ella existe[1], especialmente con la comunidad en que viven. Esa tensión cobra a veces la forma abierta de la persecución; en otras ocasiones, se manifiesta, simplemente, en que su lenguaje no es comprendido. Se ven obligados a vivir en secreto, ya sea física o intelectualmente. También los científicos han entrado a veces en conflicto con la sociedad de su tiempo. Pero aquí debemos volver a la mencionada diferencia entre elementos filosóficos y elementos científicos e invertir los términos: las causas de la persecución residían en las concepciones filosóficas de estos pensadores, no en sus teorías científicas.

[...] El carácter refractario de la filosofía respecto de la realidad deriva de sus principios* inmanentes*. La filosofía insiste en que las acciones y fines del hombre no deben ser producto de una necesidad ciega[2]. Ni los conceptos científicos ni la forma de la vida social, ni el modo de pensar dominante ni las costumbres prevalecientes deben ser adoptadas como hábito y practicadas sin crítica[3]. El impulso de la filosofía se dirige contra la mera tradición y la resignación en las cuestiones decisivas de la existencia; ella ha emprendido la ingrata tarea de proyectar la luz de la conciencia aun sobre aquellas relaciones y modos de reacción humanos tan arraigados que parecen naturales, invariables y eternos[4].

[...] El racionalismo individual puede ir acompañado de un completo irracionalismo general. Los actos de individuos que, en la vida diaria, pasan con toda justicia por razonables y útiles, pueden resultar perjudiciales y hasta destructivos para la sociedad. Por eso, (...) es preciso recordar que la mejor voluntad para realizar algo útil puede tener como consecuencia lo contrario; simplemente porque esa voluntad puede ser ciega respecto de lo que rebasa los límites de su especialidad o de su profesión, porque ella se concentra en lo más cercano y desconoce la verdadera esencia* de aquello que solo puede ser esclarecido en una conexión más amplia[5].

[...] La filosofía en oposición a otras disciplinas, no tiene un campo de actividad fijamente delimitado dentro del ordenamiento existente. Este ordena­miento de la vida, con su jerarquía de valores, constituye un problema en sí mismo para la filosofía. Si la ciencia puede aún acudir a datos establecidos que le señalan el camino[6], la filosofía, en cambio, debe siempre confiar en sí misma, en su propia actividad teórica.

[...] La verdadera función social de la filosofía reside en la crítica de lo establecido[7]. Eso no implica la actitud superficial de objetar sistemáti­ca­mente ideas o situaciones aisladas, que haría del filósofo un cómico personaje. Tampoco significa que el filósofo se queje de este o aquel hecho tomado aisla­damente, y recomiende un remedio. La meta principal de esa crítica es impedir que los hombres se abandonen a aquellas ideas y formas de conducta que la sociedad en su organiza­ción actual les dicta. Los hombres deben aprender a discernir la relación entre sus acciones individuales y aquello que se logra con ellas, entre sus existencias particulares y la vida general de la sociedad, entre sus proyectos diarios y las grandes ideas reconocidas por ellos[8]. La filosofía descubre la contradicción en la que están envueltos los hombres cuando, en su vida cotidiana, están obligados a aferrarse a ideas y conceptos aislados.

[...] La filosofía es el intento metódico y perseverante de introducir la razón en el mundo; eso hace que su posición sea precaria y cuestionada. La filosofía es incómoda, obstinada y, además, carece de utilidad inmediata*; es, pues, una verdadera fuente de contrariedades[9].

Max Horkheimer, filósofo y sociólogo alemán, nació en Stuttgart en 1895, fue director del Instituto de Investiga­ción Social desde 1931, murió en 1973 en Nüremberg. El artículo La función social de la filosofía fue escrito en 1940.

1. ¿Qué diferencias señala el autor entre las ciencias y la filosofía? 2. Compare los dos primeros párrafos de este texto con la «misión» de Sócrates. 3. ¿Cómo es caracterizada la filosofía por sus enemigos? 4. ¿Cuál es la relación de la filosofía con «la realidad-tal-cual-ella-existe» (realidad-dada)? 5. ¿Por qué la filosofía insiste en que las formas de vida no pueden ser adoptadas sin crítica? ¿Qué significa «crítica»? 6. ¿Por qué se sostiene que no bastan ni el racionalismo individual ni el voluntarismo? 7. ¿Por qué la filosofía sólo puede confiar en su propia actividad teórica? ¿Por qué no basta con la «comprobación» científica o con la experiencia cotidiana o histórica? 8. ¿Cuál es la meta de la filosofía entendida como crítica? 9. ¿Qué significa que la filosofía es el intento de «introducir la razón en el mundo»? 10. ¿Por qué se afirma que la filosofía es una «fuente de contrariedades»? 11. ¿Qué relaciones podría establecer entre este texto y el anterior (de la Apología de Sócrates)?



[1] La realidad dada o existente es la forma de vida tal cual se ha venido dando hasta ahora, la costumbre establecida, las verdades aceptadas como naturales u obvias. Lo meramente existente o dado reduce el concepto de realidad al quitarle toda potencialidad, virtualidad o capacidad no-dada o no-existente, pero contenida o implícita.

[2] Necesario es lo que no puede ser de otro modo que como es. La necesidad es ciega cuando no puede ser conocida por la razón o por el saber ni dominada por la voluntad.

[3] En la filosofía, a diferencia de la economía y la política, crítica no significa la condena de una cosa cualquiera, ni el maldecir contra esta o aquella medida; tampoco la simple negación o el rechazo. Es cierto que, en determinadas condiciones, la crítica puede tener esos rasgos puramente negati­vos. Pero lo que nosotros enten­demos por crítica es el esfuerzo intelectual, y en definitiva práctico, por no aceptar sin reflexión y por simple hábito las ideas, los modos de actuar y las relaciones sociales dominantes; el esfuerzo por armonizar, entre sí y con las ideas y metas de la época, los sectores aislados de la vida social; por dedu­cirlos genéticamente; por separar uno del otro el fenómeno y la esencia; por investigar los fundamentos de las cosas, en una palabra: por conocerlas de manera efectivamente real.

[4] Estas “relaciones y modos de reacción humanos tan arraigados que parecen naturales, invariables y eternos” eran llamados más arriba “la realidad tal cual ella existente” u “ordenamiento existente” o realidad dada.

[5] Como en el texto de la Apología de Sócrates, se plantea el problema de la relación entre la especialidad (ligada a los oficios, las ciencias o la cotidianeidad inmediata) y lo global (ligada a lo difícil, a lo abstracto, a la filosofía).

[6] La ciencia confía en el método científico y los criterios de verdad establecidos y aceptados por la comunidad científica.

[7] «Lo establecido» significa aquí el status quo establecido, lo aceptado como verdadero, lo dado. No hace referencia solamente a la forma de vida establecida, sino también a los valores, las creencias, las normas, las ideas, las opiniones, e incluso las verdades.

[8] De nuevo se plantea la relación entre lo inmediato y lo global.

[9] Horkheimer, M.: Teoría crítica, traducción de E. Albizu y Carlos Luis, Buenos Aires, Editorial Amorrortu, 1974, pp. 272-88.

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